Cúpula / La falsa defensa de los pueblos indígenas
Columna publicada el martes 27 de enero de 2026
En un discurso que debe leerse como meramente propagandista en días recientes la presidenta Claudia Sheinbaum exhortó a que la nación española reconozca las masacres, heridas y agravios ocurridos hace 500 años.
La bandera que se presenta es la reconciliación con los pueblos indígenas y originarios.
Sin embargo, pese al mediático mensaje la realidad nos muestra que el día de hoy los agravios son incluso mayores a los ocurridos en la Conquista.
Hoy los pueblos originarios están sumergidos en el abandono alimentario.
Subsisten de la misma forma que lo hacían sus antepasados hace 300 años, con cultivos y animales de traspatio.
Las administraciones federales no muestran una política alimentaria dirigida a los pueblos indígenas, allá donde no llega el asistencialismo de los programas sociales porque ni siquiera hay cajeros para retirar con las tarjetas del Bienestar.
Uno de los grandes atropellos de la Colonia fue desaparecer el amaranto que junto con el maíz eran base de la alimentación de Mesoamérica.
Con el amaranto los indígenas hacían pequeñas figuras de sus deidades.
Los frailes consideraron que esos símbolos eran demoniacos por lo que prohibieron su cultivo.
Han pasado 500 años y ese nutriente extraordinario sigue ausente de la dieta del pueblo mexicano.
En el terreno de la salud pública durante décadas funcionó el programa IMSS Coplamar, Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados.
Una política que acercaba la atención médica a las zonas más relegadas de la geografía nacional.
Hoy con un modelo de salud “mejor que el de Dinamarca” el desabasto de medicamentos y las carencias de insumos son evidentes en los grandes hospitales de centros urbanos, pero en las regiones rurales las clínicas del IMSS Coplamar desaparecieron desde hace mucho.
En este momento para los pueblos indígenas no existe programa de salud alguno.
Ni médicos, ni clínicas, ni medicinas, ni vacunas.
Un régimen que menoscabó el sistema de educación con libros de texto doctrinarios y sectarios tampoco tiene un plan de educación indigenista.
Hoy que la Suprema Corte de Justicia de la Nación publicita que por primera vez tiene un ministro presidente de origen indígena no vemos que exista un plan nacional para hacer justicia a los pueblos originarios.
Las fiscalías no tienen agencias del Ministerio Público bilingües y los juzgados tampoco cuentan con traductores.
En todo el país hay miles de presos indígenas que no saben de qué los acusan o en qué situación se encuentra su proceso penal.
No hemos visto una sola acción del presidente de la Corte Hugo Aguilar Ortiz en favor de la justicia a los pueblos originarios.
Bien haría el togado en visitar las comunidades oaxaqueñas que con el gobernador morenista Salomón Jara Cruz sufren más vejaciones que en el periodo de Ulises Ruíz Ortiz.
El ritual a Quetzalcóatl para “purificar a los ministros entrantes” tuvo un costo de un millón 254 mil pesos.
Parafernalia y espectáculo para cubrir con humo de copal una corte incompetente.
En el rubro de la seguridad hasta el momento no hay garantías para las etnias chiapanecas, tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales, lacandones que tienen que huir de sus comunidades al quedar en medio del fuego cruzado que desatan los cárteles.
Pedir que “la derecha española” ofrezca una disculpa por masacres y agravios ocurridos hace 500 años solo es una arenga propagandista cuando en estos tiempos absolutamente nada se hace para sacar a los pueblos originarios de una marginación criminal.
cupula99@yahoo.com
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