Columna publicada el martes 10 de febrero de 2026.
El mensaje de Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba, refleja un gobierno doblegado.
Ahora se muestra dispuesto a sostener un diálogo con la administración Trump.
Sin petróleo venezolano, ni mexicano la isla llegó a un grado de inanición.
Lo que tienen en bodegas alcanza para unas semanas.
En horas recientes anunciaron que se cancelan todos los vuelos comerciales porque no hay combustible para los aviones.
A finales de febrero las ciudades cubanas no tendrán energía eléctrica.
Para la izquierda mexicana la caída del régimen cubano representará un severo golpe moral.
Desde la década de los sesenta la revolución de Fidel fue un símbolo para los movimientos estudiantiles que en las aulas proclamaban las bondades del pensamiento marxista – leninista.
Pero no solo los jóvenes de aquella época se envolvieron en la bandera cubana.
Varios de los conspicuos intelectuales y escritores se desvivieron en loas al movimiento encabezado por Castro Ruz.
Plumas como Fernando Benítez, Luis Villoro, Huberto Batis, José Agustín, René Avilés Fabila y el más notable de toda esa generación, Carlos Fuentes, conformaron un bloque que defendió a capa y espada el modelo socialista impuesto en la isla.
Por otro lado, la tropa, huestes y simpatizantes se aglutinaron en el Partido Comunista Mexicano y en el Partido Socialista Unificado de México (PESUM) que fueron el bisabuelo y abuelo de Morena.
Durante años las efigies de Ernesto “El Che” Guevara y Castro Ruz fueron el oxígeno emocional que alentó a una generación que anhelaba un México socialista, hermanado con Rusia.
Finalmente, esa corriente llegó a la presidencia de la República y fortaleció lazos con Cuba, Venezuela y Nicaragua.
E incluso fue más allá, acató las directrices de Moscú y Beijing.
Por todo este contexto la caída del régimen cubano será otra derrota moral para la izquierda mexicana.
Analistas internacionales aseguran que en este momento ya iniciaron diálogos con protagonistas cubanos para lubricar la transición hacia un nuevo modelo impuesto desde Washington.
Se asegura un acercamiento con Alejandro Castro, hijo de Raúl y sobrino de Fidel, como uno de los interlocutores con el equipo del Secretario de Estado Marco Rubio.
Otro personaje considerado es Óscar Pérez-Oliva Fraga, nieto de Ángela Castro y quien ocupa el cargo de Ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera.
Es decir, un cubano encargado de tender puentes comerciales con el mundo.
Presenciamos los preparativos para la caída del régimen socialista y se busca una figura cercana al castrismo que sea bien recibida por las facciones recalcitrantes.
Los mismos analistas afirman que Cuba está sumergida en su mayor crisis y los grandes sectores de la población de ninguna manera apoyan al gobierno que los hundió.
El derrumbe de la Cuba castrista contará con el beneplácito de las mayorías, tal y como sucedió en la Venezuela chavista.
Sin embargo, se busca una transición lo menos abrupta posible.
La entrada del equipo de Marco Rubio a La Habana será símbolo de una reconquista; una maniobra política y financiera que evadió la tentación militar.
El mundo será testigo de la toma de Cuba sin disparar una bala.
El papel de México y los mexicanos debe ser de solidaridad y apoyo -no con un régimen obtuso y obsoleto-, sino con pueblo oprimido y diezmado que debe ser incorporado a la economía global, con el legítimo derecho a preservar su rica cultura.
En breve plazo morirá un régimen y nacerá otro.
Que sea para bien del lastimado pueblo
cubano.
cupula99@yahoo.com
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