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Cúpula / La soberanía como propaganda

Columna publicada el martes 1 de septiembre de 2026.

Comerciantes del centro histórico de la Ciudad de México señalan que sujetos de nacionalidad china están tomando el control de edificios enteros.

Los connacionales apuntan desplantes hostiles de los asiáticos; un comportamiento propio de criminales.

Llegan con los dueños de edificios y vecindades para rentar los inmuebles y pagan tres años adelantados.

A partir de ese momento desalojan a los mexicanos con actitudes prepotentes para ofrecer productos de electrónica y prendas de vestir de baja calidad, pero con precios muy por debajo de la producción nacional.

El principal nexo de los grupos chinos es con la Unión Tepito a la que facilitan grandes cantidades de mercancía.

De manera paralela se asegura que les proporcionan armas.

En la calle Constancia conocida como “el hormiguero”, epicentro delictivo de Tepito, los gatilleros portan escuadras rusas.

Se trata de una invasión en el corazón del país ante el silencio absoluto de autoridades capitalinas y federales.

China tiene un doble juego.

Mientras envía vehículos y autopartes que pagan aranceles, a la par sus triadas criminales inundan el mercado negro con cientos de contenedores de contrabando y precursores químicos.

Vamos a otro punto.

El proyecto Saguaro es evidencia del sometimiento de México ante intereses extranjeros.

Se trata de un gasoducto de 800 kilómetros impulsado por la empresa estadounidense Mexico Pacific que partirá desde Texas hasta Sonora donde el combustible será cargado en barcos de enorme calado conocidos como “mata ballenas” que atravesarán todo el golfo de California.

La devastación a la fauna marina será incalculable, un daño medioambiental sin precedente.

Aún peor que el causado por el Tren Maya.

Ante estas referencias conviene preguntarse ¿dónde está la soberanía que frecuentemente alude la presidenta Claudia Sheinbaum?

La soberanía solo es una arenga propagandista, un argumento retórico para tratar de escapar del largo brazo del Departamento de Justicia de Estados Unidos que tiene en la mira a una veintena de políticos mexicanos coludidos con cárteles, ahora considerados organizaciones terroristas.

El llamado a la defensa de la soberanía es un recurso publicitario.

Es como decir: “sigan votando por Morena; no le hagan caso al imperio gringo intervencionista e injerencista”.

Tal parece que alguno de los médicos cubanos -en realidad agentes de inteligencia-, son quienes redactan los discursos de corte castrista que ahora se proclaman a gritos en los templetes oficiales.

El régimen no digiere que entró en una fase terminal.

Washington busca la caída de políticos de supuesta izquierda, pero que tienen residencias de extrema derecha.

Además, las divisiones internas, las diferencias entre palacio nacional y Palenque ayudan a la intención de agencias estadounidenses.

Cada día son más evidentes las dos perspectivas rumbo a 2030.

Sheinbaum busca colocar a García Harfuch como sucesor contra la opinión de la familia López Beltrán y esta puja está generando grietas que se convertirán en zanjas.

El desgaste será muy acelerado.

En este caos no debe perderse de vista a un protagonista que se abstiene de participar en las disputas y movilizaciones populistas; que ante el pandemónium decidió sustraerse de la primera escena para guardar la debida discreción.

Es otra figura que Washington considera un interlocutor aliado.

Harfuch es el policía de confianza, pero Marcelo Ebrard el estadista que no se embarra en polémicas estériles

Al tiempo.

cupula99@yahoo.com


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