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Cúpula / Juicio sobre la narcopolítica

Columna publicada el martes 25 de agosto de 2026.

Estamos presenciando una sucesión de eventos que muestran un régimen en crisis.

Los señalamientos documentados sobre Adán Augusto López, Marina del Pilar Ávila, Rubén Rocha Moya y Andrés López Beltrán son puntos que acumulados muestran un aparato que colapsa.

La presión que Washington ejerce a través de sus agencias de seguridad está desmoronando figuras que hasta hace meses se presentaban como intocables.

Hoy el retiro de visas debe leerse como el primer paso de acusaciones penales contra prominentes miembros del partido guinda.

De manera particular el episodio protagonizado por Rocha Moya exhibe un país que tiene dos presidentes.

Una mandataria de jure y un líder de facto que sigue ordenando a Secretarios de Estado y gobernadores.

De un solo golpe la presidenta Sheinbaum aprendió una máxima de la política “el poder no se comparte”.

Rocha Moya decidió regresar al cargo haciendo a un lado a la titular del Ejecutivo, mostrando que atiende indicaciones de un jefe político que se erige por encima de palacio nacional.

Por primera vez en décadas un gobernador pretendió ignorar a la máxima autoridad.

Lo que sucedió entre el viernes 21 y sábado 22 cuando Rocha volvió a solicitar licencia debe ser motivo del más exhaustivo análisis nacional.

En esas horas el padre político trató de rebasar a su hija.

La intención refleja un desplante de magnitud histórica.

El régimen quedó exhibido y debilitado ante la administración Trump que busca precisamente ese tipo de tropiezos para reforzar su estrategia.

Hoy Rocha Moya está expulsado del seno morenista y la Fiscalía General de la República (FGR) no tiene otra opción más que conceder la extradición que solicita el Departamento de Justicia, aunque durante meses lo defendieron hasta la ignominia.

Todos estos elementos abonan a mostrar un régimen en crisis.

Uno a uno sus protagonistas se van desdibujando ante acusaciones que los exhiben como narco políticos, empleados de cárteles.

Apunta una máxima que el periodismo es el primer borrador de la historia y hoy estamos presenciando cómo se procesa a una cúpula por sus nexos con el crimen organizado.

El juicio de la historia debe ser inmisericorde con la élite que dejó a la sociedad a merced de los criminales.

Ahí están los resultados en una catástrofe humanitaria que se refleja en decenas de miles de muertos y otros tantos desaparecidos.

Las evidencias están en los colectivos de madres buscadoras que con sus propias manos rascan la tierra buscando un vestigio, algún hueso que mediante pruebas de ADN les permita determinar que se trata de sus hijos.

Presenciamos el costo que pagan agricultores, campesinos y comerciantes víctimas de la extorsión.

Vemos el saldo en las comunidades indígenas de Guerrero y Chiapas desplazadas por las balas y las descargas que lanzan desde drones.

Adán Augusto López, Marina del Pilar Ávila y Rocha Moya son los primeros señalados como parte de una burbuja política que hizo de la complicidad con el crimen organizado un modelo de negocios.

Una forma de acumular poder y fortuna sin importarles el dolor y el sufrimiento de miles de mexicanos que dejaron en el desamparo.

Por supuesto que representantes de otros partidos deben someterse a las mismas investigaciones.

Este desastre inició con Felipe Calderón, siguió con Peña Nieto, avanzó en el sexenio de los abrazos, no balazos de López Obrador y llega hasta estos días donde presentan como un triunfo la falsa reducción de homicidios.

El juicio de la historia será implacable con esta era de narcopolítica.

Al tiempo.

cupula99@yahoo.com


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